Realizan voluntarios larga fila en fábrica de textiles colapsada

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Es uno de los lugares donde más desolación y muerte se ha vivido desde que se registró el sismode 7.1 a las 13:40 horas del pasado martes, y sin embargo los gritos de apoyo, la colaboración y los aplausos alentando a los rescatistas y quizás a alguna persona que aún quede con vida en el lugar no cesan.

Se trata de la fábrica de textiles ubicada en el cruce de Bolivar y Chimalpopoca, en la delegación Cuauhtémoc, donde decenas de persona hacen fila y esperan sin descanso, hasta que son enlistados e ingresan para suplir u otro número igual de ciudadanos, que apoyan en las labores de rescate y retiro de escombro, la fila por momentos da la vuelta a la manzana.

Cuerpos de rescate trabajan sin descanso para encontrar algún indicio de vida, apoyados por perros de rescate y otros grupos de expertos extranjeros, algunos de ellos provenientes de Alemania, pero también hay ciudadanos que han dedicado todo su día a apoyar los trabajos de rescate.

Ricardo es uno de ellos, vecino de la calle Bolivar, ha trabajado día y noche en las labores de organización, sin despegarse del sitio, él dice que lo hace porque para él, los trabajadores de esta planta, eran sus vecinos.

Al momento del sismo, Ricardo Martínez cuenta que se encontraba con su novia, hospedado en un hotel de Tequizquiapan, ahí vivió minutos de terror cuando el edificio se vino abajo, afortunadamente logró salir con vida.

Ahí se quedó para apoyar en las labores de retiro de escombro, pero al informarse que no había señales de gente atrapada, decidió ir a su casa en Bolivar, donde al llegar a medianoche se percató de que la textilera que se encuentra a una cuadra de su casa, había colapsado con los trabajadores en su interior.

Rápidamente y con voz de mando comenzó a apoyar y a movilizar a amigos y conocidos para apoyar en las labores de rescate.

“Tenemos un grupo de “wasa” (diversión) en el Whatsapp, y ahí les dije, órale, vamos a organizarnos, vénganse a ayudar”, relató.

Doctores, psicólogos e ingenieros, son los que logró “jalar” al lugar a prestar su apoyo, van y vienen, pero sin despegarse de la zona por si se ocupa su ayuda.

El apoyo no es solo de brazos y profesional, es también moral; aplauden si hay buenas noticias, abrazan si hay llanto, confortan si hay muerte, alientan si hay cansancio, alimentan si hay hambre y forman una impresionante malla humana.

Desafortunadamente solo dos personas fueron rescatadas con vida en las primeras horas, a partir de entonces 24 cuerpos sin vida han salido de entre los escombros, pero la esperanza es lo último que muere.

“No me imagino, irme a mi casa pensando que uno de mis vecinos está atrapado bajo los escombros, hay que apoyar hasta donde se pueda”.

 

Fuente: El Horizonte

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